Este ensayo se interroga sobre la incertidumbre, no como un obstáculo que debemos reducir, sino como un espacio fértil de vida y creación.
En ese lugar, donde las certezas se desvanecen y lo inesperado cobra sentido, es donde se despliega la auténtica esencia de la existencia humana.

Texto introducción del documental
Al sentir el viento bajo sus alas
la paloma deseó liberarse de
toda resistencia.
Ascendió hasta lo más alto,
donde el aire parecía inmóvil
pero entonces, para su sorpresa
comenzó a caer.
Sólo en ese instante entendió
que era el viento, aquello contra
lo que luchaba lo que en
realidad la sostenía.
La voz en off de Natalie será el hilo conductor que articula el sentido de esta obra.
La presencia de Camus y la del protagonista de “El extranjero” se sienten presentes, reflejada en el dialogo imaginario que entabla Natalie con su representación de Meursault.
El dialogo se desarrolla en monólogo interior y en tercera persona.

“Siempre he pensado que las conversaciones más importantes no ocurren en la realidad, sino en ese territorio ambiguo entre el sueño y la vigilia, entre el presente y la memoria.
Esta vez, sin darme cuenta, había comenzado a hablar con Meursault.
El protagonista de el Extranjero se había quedado en mi memoria desde que leí el libro de Albert Camus.
No sé si él llegó o si lo invoque, pero lo cierto es que ahí estaba.
Y estaba dispuesto a ayudarme en mi búsqueda”
Diálogo entre Natalie y Meursault

"Hoy el mar estaba casi quieto. O eso parecía. Siempre he desconfiado de las cosas que parecen quietas.
Él piensa que la ola es la ola. Que no hay nada más.
Me gusta cuando simplifica las cosas. Pero se equivoca.
La ola no empieza en el agua. Empieza antes. En algo que no vemos. El viento.
El viento no tiene forma. Pero insiste. Y al insistir… dibuja.
Dibuja una ola.
Dibuja una bandera.
Como una niña corriendo sin motivo.
Cada capítulo se abrirá con un relato simbólico, que tenderá un puente hacia el tema que nos disponemos a explorar.
CHATTERTON - Introducción de “En busca de lo autentico”

"Thomas Chatterton, o una versión de él, apareció en un barrio de Tokio. Caminaba por calles estrechas y lo seguí. No podía ser el joven poeta que se quitó la vida a los diecisiete años, pero allí estaba.
Se detuvo frente a una tienda y entró; yo lo seguí.
Se inclinó sobre una mesa donde descansaba un pergamino antiguo. Lo tomó y dijo, sin mirarme:
—“Es falso.”
—“¿Cómo lo sabes?” —pregunté.
¿No era él, Chatterton, maestro de falsificaciones? Había inventado poemas medievales para morir después en la miseria. Y, sin embargo, allí estaba, sosteniendo ese pergamino imposible.
—“Lo sé porque lo escribí yo” —respondió.
Todo parecía desafiar la realidad. Japón, con sus mercados de objetos que imitan antigüedad, era el escenario perfecto para borrar fronteras: lo verdadero y lo falso, indistinguibles.
“Japón es como cualquier otro lugar —me dijo—. Está lleno de verdades que no existen y de mentiras que resuenan más que la realidad. Original y copia son la misma moneda. Y tú, como todos, llevas años intentando diferenciarlas.”
Lo miré en silencio; el pergamino parecía a punto de deshacerse. Antes de preguntar, Chatterton salió. Lo seguí, pero al salir, la calle estaba vacía: ni rastro de él ni de la tienda.
Quedó la pregunta suspendida: ¿qué es real y qué es falso? ¿En qué momento la vida se convierte en una historia que inventamos para sobrevivir?
Nunca volvió a aparecer, pero a veces recuerdo aquel pergamino y me pregunto si lo que vivimos no es, en el fondo, una falsificación cuidadosamente construida. Una copia de una copia, esperando ser declarada auténtica."